27 de abril de 2026 · 6 min lectura

Por qué estoy escribiendo en público (después de 12 años emprendiendo sin publicar nada)

He tenido cringe. He intentado lanzar varias veces. Esta vez sí.

He tenido cringe.

Y no un cringe pequeño. Cringe del que te paraliza. He intentado lanzar algo así, varias veces, y por pendeja no lo he logrado. Abría un Notion, escribía la mitad de un post, me leía a mí misma sonando como cualquier otra founder dándole consejos al mundo, y lo cerraba. Otra vez. Y otra vez.

Estar online como se necesita hoy es muy puto. No te voy a vender otra cosa. Es agotador, expuesto, y el 80% de la gente que está ahí afuera publicando suena igual. Frameworks reciclados. Hooks que ya leíste. La misma conversación con palabras distintas.

Pero esta vez sí es el momento. Y te voy a contar por qué.

Quién soy y por qué importa para esta historia

Soy Isabella Fernández. Llevo 12 años emprendiendo. Cumplí 32 hace dos días. Soy ecuatoriana, crecí entre Colombia y Estados Unidos, y vivo en Madrid hace dos años.

Hoy mi foco principal es Midi, una fintech que está construyendo el futuro del creator economy en LATAM. Soy CRO. Vendo, lidero el equipo de revenue, viajo bastante a vender en persona porque resulta que después de tanto AI la gente quiere volver a las relaciones interpersonales reales. Y yo entiendo eso.

Después de 12 años trabajando con notas en mil lados, apps que probaba y abandonaba al mes, sistemas que nunca terminaban de funcionarme, hace unos meses empecé a aprender de AI en serio. Y empecé a construir algo para mí en Claude. Algo que se llama Amira. La hice para una sola usuaria: yo. Para que me ayudara a organizar mi vida entera, no solo el trabajo.

Después me di cuenta de algo: si yo, después de 12 años intentándolo, no había logrado organizarme con ninguna app del mercado, había mucha más gente como yo. Y decidí llevar Amira al mundo. Lo estoy haciendo lento, porque mi foco real es Midi. Pero la estoy llevando.

Las tres veces que intenté antes

Instagram. Empecé una cuenta de "marca personal". Grababa videos cortos, los miraba después, me daban cringe propio, los borraba. Posteaba un par. Cerraba la app. Repetía el ciclo cada par de meses hasta que dejé de abrirla.

TikTok. Mismo guion. Grababa, miraba el video, escuchaba mi voz, sentía que no sonaba a mí. Cerraba.

Substack draft. Escribí una carta sobre liderazgo que nunca publiqué. Me leí el draft, pensé "esto lo escribiría cualquiera", cerré el tab.

Cada vez la misma historia. Empezar con energía. Leerme o escucharme. Sentir que sonaba a alguien que no soy yo. Cerrar.

El patrón era claro pero no lo veía: estaba intentando escribir lo que pensé que se esperaba de mí. La founder seria. La CRO con frameworks. La mujer profesional con thought leadership.

Pero esa no soy yo. Yo soy la que en 12 años aún no entiende del todo lo que está haciendo. Que los intentó antes y falló. Que tiene dudas todos los días. Que está jugando a la vida sin manual.

Y eso no lo había escrito porque pensé que nadie lo querría leer.

Spoiler: estaba equivocada.

Lo que cambió

No fue una sola cosa. Fueron tres, juntas, en los últimos seis meses.

Uno: Amira empezó a funcionarme. No como producto. Como herramienta personal. Después de 12 años intentando organizarme con notas, apps random y rutinas que abandonaba en dos semanas, lo que armé en Claude empezó a sostener. Mi calendario. Mi gym. Mis to-dos. Mis amigos. Mi familia. Los viajes. Todo en un solo lado, hablándole.

Dos: leí algo que me sacudió. Un research interno de Anthropic mostró que sus empleados usan Claude para el 59% de su trabajo diario, frente al 28% del año pasado. Y pensé: yo construí Amira porque la necesitaba. La uso todos los días. Pero nunca había contado eso. Pensé que el journey era irrelevante. Que solo importaba el producto final. Estaba equivocada. La gente quiere ver el cómo, no solo el qué.

Tres: cumplí 32 hace dos días. Y entendí algo que no había entendido a los 31 ni a los 30: la ventana es más corta de lo que crees. No la ventana de hacer cosas. La ventana de no morir intentándolas en silencio.

El framework de por qué publicar en público es leverage real

No te voy a decir que escribir en público te va a cambiar la vida. Te voy a decir cuatro cosas concretas que ya estoy viendo después de tres meses de empezar a hacerlo bien (en privado, con un círculo pequeño, antes de este lanzamiento).

Uno: te obliga a pensar más claro. Cuando tienes que escribir una decisión, te das cuenta de que no la pensaste tan bien como creías. Lo escrito no perdona. Si tu lógica tiene huecos, los ves al releer. Esto solo me ha hecho mejor founder.

Dos: atrae a la gente correcta. En tres meses de compartir cosas pequeñas en círculos privados, me han escrito cinco founders que están pensando en cosas similares. Tres potenciales partners. Dos personas que probablemente terminen trabajando con nosotros.

Tres: construye el moat más subestimado. Tu producto puede ser copiable. Tu equipo puede irse. Tu pricing puede caerse. Lo que no es copiable es la confianza que la gente tiene en tu juicio. Y esa confianza solo se construye públicamente.

Cuatro: te da permiso de ser tú. Cuando empiezas a escribir lo que de verdad piensas, te das cuenta de cuánta energía estabas gastando en pretender. Y cuando dejas de pretender, todo lo demás baja de intensidad.

La pregunta para ti

¿Qué llevas tiempo queriendo lanzar y no has lanzado?

No me importa si es un newsletter, un producto, un negocio, un cambio de carrera, una conversación incómoda con alguien. Lo que sea.

¿Qué lo está deteniendo? ¿Cringe? ¿Perfeccionismo? ¿Miedo a que nadie lo quiera leer?

Te leo en los comments. De verdad. Y si te resonó esto, compártelo con alguien que también esté en pause.

Vamos a equivocarnos juntos. Vamos a probar cosas. Vamos a aprender juntos.

Nos leemos el próximo domingo.

— Isa ❤️


Esta carta se publicó originalmente en isafernandeza.substack.com. Suscríbete para recibirla cada domingo a las 12pm Madrid.

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